lunes, 19 de enero de 2015

DE “EL CLUB DUMAS” A “LA NOVENA PUERTA”. INCUNABLES, MAGIA... Y ¡ACCIÓN! (Sergio Fritz Roa)

DE “EL CLUB DUMAS” A “LA NOVENA PUERTA”. INCUNABLES, MAGIA... Y ¡ACCIÓN!

“Omnes vulnerant, postuma necat”




No soy cinéfilo, a pesar que al igual de muchas personas considero a la actividad cinematográfica como un gran arte. Sin embargo, hay dos películas que cada cierto tiempo me agrada ver. De alguna forma resumen mis intereses y búsquedas en lo Oculto. Se trata de “Ojos bien cerrados” (del director Stanley Kubrick) y “La novena puerta” (de Roman Polanski). La existencia de sociedades secretas, de ritos sexuales vinculados con ellas y el peligro de acercarse a los conocimientos arcanos, son características comunes a ambas. Una vía de la Mano Izquierda se expresa en ellas. Pero, también y, precisamente por ello, el empleo del poder.

Cuando vi por primera vez “La novena puerta” aun no era librero, pero desde hacía un tiempo había empezado a considerarlo como una posibilidad. Luego de verla debo haber pensado algo así: Si alguna vez lo soy, intentaré ser un especialista en esoterismo, y alguien que se dedique a ediciones de viejos grimorios; que busque extraños textos donde magos modernos relaten su experiencia y manuscritos valiosos.

El tiempo en este oficio, algo me ha permitido hacer. Y así han pasado por mis manos los primeros números de la “Sociedad Teosófica” en Chile; muchos libros de Levi, Crowley, Papus, Mathers; Masonería, Rosacrucismo, Alquimia; libros de magos como Jorge Adoum y Miguel Serrano, con bellas dedicatorias y sus firmas; algunos de los escasos textos del Maestro Raaknaif y su discípulo privilegiado Hilarius Novenus; entre otros. En mi colección personal tengo la primera edición de “El museo de los brujos, magos y alquimistas” de...,. la cual es una de las más importantes enciclopedias sobre el tema, repleta de bellas láminas que reproducen decenas de grabados antiguos; la primera edición de “Les fables égyptiennes et grecques” del amante de la Alquimia, Dom Antoine-Joseph Pernety; y ejemplares de una colección de materiales que se entregaban a los estudiantes de una en extremo hermética organización chilena (“Círculo Mental Madel Shadel”), donde se menciona incluso procesos de magia sexual, en una época en que pocos habían siquiera oído hablar de estas cosas. (Aunque no tiene indicación de fecha, el tipo de papel, las referencias que se dan en las lecciones, etc. permiten pensar que se trataría de un material de la década de los 40-50). Lo interesante es que ninguno de mis amigos y cultos clientes ha sido capaz de agregar más información sobre tal Orden. Además, las enseñanzas de Magia Sexualis son tratadas en clave, donde las letras del alfabeto fueron cambiadas de orden, por lo que solo las anotaciones marginales del aspirante a Adepto me permitieron hacer la decodificación.

En la película en comento, hay una serie de temas que cautivaron mi atención: el mundo de la bibliofilia, la mención a raros y buscados textos de magia, la aparición de una misteriosa y atractiva mujer, que sería finalmente una bruja (el arquetipo de Lilith), y los ritos de una orden oscura.



Viendo los créditos me enteré que la obra fílmica de Polanski se basó en la novela “El club Dumas”, del escritor Arturo Pérez-Reverte, a quien ya conociera por la lectura de dos de sus obras relacionadas con Alatriste, héroe español que el escritor ha logrado crear de manera plausible. Cuando tuve la novela, pude comprender desde las primeras páginas que la película era una adaptación no muy literal a aquélla; pero, este hecho no desmerece en nada la película, pues Polanski más que al tema manuscrito Dumas, a lo que sí dio importancia del thriller del español, fue a lo relacionado con la búsqueda de un libro llamado “Las nuevas puertas”, que contendría las xilografías de otro texto: el “Delomelanicon”, el que daría las claves para invocar ni más ni menos que a Lucifer.

Un cazador de libros raros, llamado Lucas Corso será el elegido para autenticar uno de los tres ejemplares sobrevivientes de “Las nueve puertas”, texto que habría sido quemado por la inquisición, quedando solo un ejemplar, según la leyenda. Pero, por informaciones recogidas por Varo Borja (un librero especializado en textos para bibliófilos), habrían tres; siendo él poseedor de uno de los ejemplares. Mientras que Corso es una persona pragmática y cuyo único interés se reduce a obtener el mejor precio por los libros que halla; Borja es el auténtico bibliófilo, un ser apasionado y amante de libros sobre el diablo, que está dispuesto a hacer lo imposible por obtener un texto de su afición.

La búsqueda de “Las nueve puertas” dará pie a increíbles aventuras, donde se mezclan el misterio, el dinero, el coleccionismo, el sexo, la ambición... y la Magia.

Como en “Ojos bien cerrados”, la historia central no es la más mostrada o visible, sino una más oculta. Mientras que en “Ojos bien cerrados” el tema principal parecería ser la infidelidad amorosa, cuando en realidad lo es la existencia de una poderosa sociedad de ritos sexuales; en “El Club Dumas”, la trama del manuscrito de Alejandro Dumas que inicia el libro y le da el título a éste, es menos importante que la historia vinculada a “Las nueve puertas”.

“El Club Dumas” por este hecho, por la trama, la existencia de conocimientos esotéricos que llegan a nuestros días, la dualidad verdad-falsificación (o impostura), y la crueldad de algunos de sus personajes, me ha recordado a una de mis obras predilectas de Arthur Machen: “Los tres impostores”. Si las Nornas lo permiten, algún día haré un escrito que pueda comparar ambas obras.

Desde un punto de vista exotérico, el texto es un gran homenaje a la literatura de aventuras como al folletín: Dumas, Sabatini, el Poe de “Los crímenes de la calle Morgue”, Christie y Conan Doyle, por ejemplo. En estructura recuerda a “El péndulo de Foucault” de Umberto Eco y, como adelantamos, al Arthur Machen de “Los tres impostores”.

La novela nos muestra dos mundos desconocidos para la mayoría de la gente: El del saber mágico; y el de los bibliófilos y su gran amor por los libros (por los cuales no dudan en pagar altísimas cifras).

La presencia de una misteriosa mujer que ayudará a Corso, vinculada a luchas de ángeles y demonios,
hará aun más atractiva la novela. ¿Quién es? ¿Cuál es su nombre, que revela Pérez-Reverte, como algo sin importancia? Irene Adler (en verdad su seudónimo, el que alude a la única mujer que admirase Sherlock Holmes; su real nombre nunca se revela) representa a Lilith, la amante espiritual de Adán o a la Reina de Saba, mencionada en los escritos de Miguel Serrano. Es ella la que conoce el Juego, quien es consciente que hay una Velo de Maya, y que puede ayudar al viajero a quitarlo. En el libro desempeña también el papel de protectora o ángel-guardián de Corso.

“¿Qué papel juegas en esta historia?”, preguntará Corso; a lo que ella responderá: “Ya lo dije. Cuidar de ti”.

Este papel de ángel-guardián aparece en la película “Ojos bien cerrados”, donde una prostituta drogadicta dará su vida para salvar al médico William Harford (interpretado por Tom Cruise), protagonista principal de la historia.





En ambos casos, una mujer es el ángel: la que protege y tiene el conocimiento de lo que está acaeciendo, a diferencia del personaje principal, que representará al iniciado.

Con conocimiento o solo por intuición Pérez-Reverte ha dado una pista para reconocer a esta Reina de Saba, y que autores como Serrano y Lugones han esbozado en sus escritos: ¡la mirada! Esa forma de mirar no es de este mundo... Su mirada es de fuego o de hielo; vida y muerte están contenidas allí.

Como dato curioso de la obra, hay una mención a Fulcanelli; pero, donde el autor no acierta. Se refiere a que el gran alquimista en sus citas a textos herméticos, inventaría la mitad de ellos. Esto no es efectivo. Yo he buscado la bibliografía a la que recurre Fulcanelli, y he comprobado la autenticidad sino de todos (salvo los manuscritos que menciona estarían en bibliotecas francesas, a la cual no he accedido) de la inmensa mayoría.

El recurso a un libro dentro del libro (el “Delomelanicon” inserto en “Las nueve puertas”) que usa Pérez-Reverte en la novela es un mérito literario de mi agrado. Recuerdo a autores sufíes que señalan que el “Qur´an” además de contener al “Qur´an” en tanto mandato divino, incluiría a otro libro que sería la suma de las misteriosas letras de apertura de muchas suras, y donde se hallarían claves esotéricas cuya comprensión está reservada a los ´awliyya Allah (santos de Allah) y a los auténticos gnósticos.

Un atento observador hallará de provecho tanto al libro como a la película que se basó en éste: podrá, por ejemplo, ver algunos arquetipos y episodios recurrentes a todo quien se encamina por el camino de la Magia. Y en verdad ello no es poco.




16 y 17 de Enero de 2015, en la Montaña Mágica

domingo, 31 de agosto de 2014

Un caso de Teriomorfismo en el sur de Chile (Sergio Fritz)



                                       A mi abuela Marina, ejemplo de lo mejor de la mujer chilena.


I.- UN RELATO DEL SUR CHILENO

Lo que relataré a continuación me fue narrado por alguien que siempre he admirado: mi abuela materna, Marina Thompson Molina.  Fue una mujer de un coraje y un deseo de aprender increíbles. La verdad es que pocas veces he conocido a alguien  como ella.


Vivió inicialmente en el sur, en lugares como Concepción, Hualqui  y Coronel, para luego venir a la capital.  Coronel, a inicios del siglo XX era un pequeño pueblo sumamente pobre y dedicado casi en exclusivo a actividades como el carbón y la pesca. No era raro que hubiera muertes de hombres al interior de las minas, ya sea por el gas grisú o accidentes por explosiones. Los pocos niños que iban al colegio lo hacían en su mayoría descalzos, las mujeres trabajaban en casa intentando maximizar la precaria economía, y los hombres mayores laboraban al menos doce horas diarias en condiciones precarias y de inseguridad. En ese ambiente de descontento social no era raro que el comunismo y de la mano el ateísmo dominaran. Mi abuela era sumamente católica y fue la que llevó la “Acción Católica” a ese pueblo, en medio de amenazas de los dirigentes de los trabajadores  y miradas de sospecha de parte de los demás. Había que ser muy valiente para movilizar a las mujeres en un tiempo de machismo, y para enfrentar a las huestes de comunistas que detestaban todo lo que “oliera a curas”. Pero la voluntad de mi abuela era gigantesca y de a poco empezó a “cristianizar” a la gente. Tímidas primeras algunas mujeres se le acercaron, luego se logró traer  a algún sacerdote para que hiciera misa los domingos, y con el tiempo varios hombres se sumaron a las actividades de la “Acción Católica”. Con el paso de los años mi abuela se fue decepcionando de algunas ideas del cristianismo católico y se interesó por el Hinduismo y por temas como la Ufología, aunque siempre amando a Jesús y respetando a la Virgen.  El tema del dogmatismo y el “estrechismo mental y cultural” de varios sacerdotes eran cosas que le desagradaban. En toda actividad que realizaba daba lo mejor de ella y destacaba en los grupos por su fuerte carácter. Por ella corría sangre de pueblos duros: escocés (Thompson) y español (Molina). En tiempos que pocas damas se atrevían se separó de su marido para sacar adelante a sus tres hijas, trabajando toda la noche “costureando”.

Por eso no dudo en lo que me contó  y que ella haya tenido esa fuerza interior para enfrentar una fuerza sobrenatural.

La historia comienza cuando ella estaba en su casa (de Coronel o Hualqui, no recuerdo bien el lugar, pues esto lo narró cuando yo debía tener unos 8 a 10 años).  Estaba sola en la cocina. Sin saber  el  porqué se puso a observar una pequeña grieta en el muro, la que de improviso empezó  a crecer. Lo que era pequeño, como una moneda de peso se agrandó para formar un radio no inferior al tamaño de la cabeza de un adulto.  Desconcertada observaba ese extraño fenómeno de crecimiento cuando de ese orificio empieza a asomarse un ¡perro negro!…  Este irá adquiriendo proporciones enormes y, sin preámbulo,  se lanza hacia mi abuela. Al lado de ella había un cuchillo carnicero, que toma rápidamente y dirige hacia la bestia que se lanzó sobre ella. En su acción de defensa, mi abuela atacó la parte izquierda de la cabeza del animal, hiriéndolo gravemente, lo que provocó que este huyera por el mismo lugar de donde provino…

Y la grieta que había devenido en algún momento en una entrada notable, volvió a su estado original, de mera fractura.

A los pocos días mi abuela estaba en una feria libre, comprando cosas para preparar la comida. Al ver a un hierbatero, se acercó a su puesto, porque pensó que podría hallar algo para su malestar de migrañas. Al hablarle el hombre se sobresaltó… Mi abuela extrañada por su actitud lo miró fijamente, lo que incomodaba al hierbatero. Entonces se dio cuenta que se tapaba el costado izquierdo de su cabeza. Mi abuela, sin más, le ordenó que se mostrara, lo que el hombre no quiso hacer. Pero, como mi abuela no tenía miedo de nada ni nadie (salvo a Dios), le tomó la mano que cubría su cabeza... y pudo ver algo increíble: ¡que tenía un gran corte en su oreja, provocado sin duda por una herramienta o arma muy afilada!

Cuando le pregunté cómo se explicaba lo anterior, me dijo que ese hombre era un brujo. Y los brujos poseen “el don” de transformarse en animales a voluntad. También me enseñó que no es raro que estos trabajaran en labores independientes y cercanas al conocimiento de la naturaleza, como precisamente la de hierbatero.

II.- SINCRONISMO

Este sábado 30 de agosto de 2014 estaba recordando este relato. Y pensé que sería interesante plasmarlo en un breve escrito. En la tarde, aproveché de empezar la lectura de un libro que compré por internet y que me había llegado solo el día anterior. ¡Grande será mi sorpresa al leer el primer cuento de dicho libro, pues mencionaba también un caso que en parte se vincula con lo vivido por mi abuela!

El libro se llama “Jumbee y otros relatos de terror y vudú” (editado en España por mi querida Valdemar, el año 2001) y es de un corresponsal del escritor H.P.Lovecraft. Había leído algunas referencias sobre esta obra  que hicieron que me interesase especialmente y hacía casi dos meses que compré un libro en inglés que incluye sino todos, muchos de sus relatos: “Voodoo Tales. The Ghost Stories of Henry S. White” editado  por Wordsworth Editions. Pero, al saber que el libro estaba en español, no dudé en buscar por internet un sitio web donde pudiera obtenerse, cosa que realicé victoriosamente unas semanas después.

El autor es el sacerdote Henry S. Whitehead quien pudo conocer la cultura, religión y costumbres de las Islas Vírgenes. En este tema es considerado un erudito y en sus relatos plasmó tal saber de forma de escritura de horror. Mientras Lovecraft dudaba de lo preternatural, Whitehead no solo lo creía sino que… lo había vivido.






El relato al cual me refiero es el que da origen al nombre del  libro de la edición española (“Jumbee”) y en una parte menciona algo que captó inevitablemente mi atención.

“Había desaparecido por completo…y, señor Lee, un pequeño perro blanco más o menos del tamaño de un caniche francés, subía los escalones a saltos directamente hacia mí. Con cada salto que daba, un escalón a cada salto, el perro aumentaba de tamaño. Parecía hincharse frente a mis ojos.

“En aquel momento estaba, ciertamente, asustado; completamente aterrorizado. Sabía que sólo con que el “el animal” me tocase, podía darme por muerto. La vieja era un “sheen” (chien, por supuesto). Ya habrá oído usted hablar de la licantropía, por supuesto: la metamorfosis de hombre a lobo. Bueno, pues ésta era una de sus variedades. No sé cómo debería llamarse. “Canicantropía”, quizás. No lo sé, pero desde luego se trataba de algo… algo relacionado, como un primo lejano de la licantropía, y en una escala inferior, señor Lee. ¡La vieja era una Mujer-Perro!” (“Jumbee y otros relatos de terror y vudú”, Op. Cit, p.15).

Jung habla de un fenómeno al cual llamaba Sincronicidad. Esto que acababa de ocurrirme cabía perfectamente en tal definición…

III.- OTRAS REFERENCIAS AL TERIOMORFISMO

Con el paso del tiempo he ido comprendiendo que lo ocurrido a mi abuela es algo bastante “frecuente” en el campo chileno y argentino. Y que incluso se conoce en otros lugares del mundo.  Este fenómeno de transformarse un hombre en bestia es llamado Teriomorfismo. La Licantropía (hombres que devienen lobos) es una especie de Teriomorfismo.

Chamanes, brujos y magos pueden hacerlo a voluntad.

Respecto a los brujos, el investigador Felix Coluccio  dice: “No siempre adoptan la forma humana, pues uno de sus poderes mágicos es el de transformarse en lo quieren; generalmente es un perro o gallina negra, el cuervo  o la lechuza…” (“Diccionario de creencias y supersticiones. Argentinas y americanas. Tercera edición, Ediciones Culturales Argentinas,  Buenos Aires, 1990, p.59).

En ciertas zonas de México a los brujos que  se transforman en perro, se los llama “Uay pek” (perro-brujo).  En Centroamérica está la creencia en el “Nahual” y también en el “Cadejo” (un hombre que se transforma en un perro).

En Argentina se cree que el séptimo hijo si es varón será “Lobizón” (hombre lobo). Como dato anecdótico, digamos que esta superstición ocasionaba la muerte de alguno de éstos pues los vecinos temían que ese niño al crecer se transformase en lobo y  los agrediera,  por lo que desde inicios del siglo XX el Presidente argentino apadrina a este niño, como una forma de protegerlo. El Presidente Perón a través del Decreto 848 le dio fuerza legal a esta costumbre, estableciendo el otorgamiento de becas a favor de los séptimos varones.

Una situación especial es la de los Chonchones o Tue-Tue, creencia chilena que define a unos brujos que salen a volar transformados en ave, pero conservando el rostro humano.  No deja de ser curioso que ciertas representaciones del famoso Drácula sean idénticas. Se debe no confundir a los Chonchones con el Pihuchén, pues mientras el primero es un brujo transformado en animal, el segundo es un ave-vampiro. El grito de este brujo-ave es “tue-tue” y anuncia una futura desgracia para el oyente.

Otro caso que podemos recoger del folklore chileno sobre humanos que se transforman en animales es el de la Calchona: horrible bruja con forma de oveja que, sin embargo, conserva el rostro de mujer.



IV.- CONCLUSIÓN

Los Magos tienen facultades que les permiten la modificación de la realidad, a través de ciertos procesos y herramientas que el vulgo desconoce y que son entregados generalmente de maestro a discípulo o en algunos casos por sus propios estudios y prácticas. Por ello,  les sería posible la transformación en animales u objetos.

Debido a lo esotérico de las enseñanzas de los brujos, los profanos no  saben exactamente qué medios emplearían para lograr semejantes hazañas.   Como en el caso de las brujas que volaban para asistir a los aquelarres, no hay duda que se utilizaría ciertas plantas y hierbas, además de palabras mágicas o de talismanes.


Pero, si no hay fe ni voluntad ni siquiera el talismán más poderoso serviría. Que esto lo tengan presente los amantes de lo Arcano.

jueves, 17 de julio de 2014

ENCUENTRO MAGICO CON EL QUE RIGE LOS SECRETOS DEL GRAN ABISMO


 
Ocurrió cuando tenía entre 19 y 20 años. Vivía con mis padres en un departamento en la comuna de Ñuñoa. Mi dormitorio era pequeño y tenía una ventana que daba a un colegio, en el cual había estudiado de 4° a 6° básico. Existía una pequeña biblioteca dispuesta sobre unas maderas colgadas en una pared y un armario, donde se guardaba no solo la ropa sino carpetas y libros.
En el cielo de la pieza existía una lámpara de un material como papiro y con un dibujo de un ojo que había sido regalada a mi padre por un lama tibetano de nombre Khempo Dorgzon Rimpoché, si mal no recuerdo el primer lama que visitó Chile, y con el cual nuestra familia tenía mucha cercanía, pues mi padre es budista y fue de los organizadores en traerlo. Cuando fue al departamento el lama hizo una especie de “bendición” y regaló esa lámpara.
Era de noche y mi amigo BS, al cual ya me he referido en este sitio (aquel que me llevó donde Eduardo Otarola, mi primer maestro en Magia) efectuaba una visita, para contarme sobre sus estudios en el instituto. En algún momento cambió el tema y me dijo que  había aprendido una técnica para comprender que todas las cosas tenían vida. Consistía en mirar la pared y “nublar” la vista. Luego de un rato uno empezaba a darse cuenta que la pared vibraba. Y realicé la enseñanza para obtener muy  pronto resultado. Luego de eso, ALGO pasó pues sentí una presencia invisible en la pieza. Esta se hallaba cerrada y mis padres dormían. Por alguna rara idea, pensé que esa presencia podía localizarse en el ángulo superior oriental del armario, ya que allí vi una extraña luminosidad.
Lo que sucedió después fue sorprendente y hasta el día de hoy me estremezco al recordarlo.
BS y yo al mismo tiempo dijimos lo mismo: “¿sientes?”. Y yo para no generar una especie de paranoia  o sugestión le señalo a mi amigo que dicha presencia no era mala…
Mi ex compañero de clases del colegio y del liceo me dice que se pondrá “en trance” para saber quien o quienes estaban en la habitación.
Yo sorprendido observo como BS se coloca en una postura semejante al medio loto y cierra los ojos.  Miro al armario y la luz toma más nitidez. Empiezo a sentir miedo.
Luego abre los ojos mi amigo y me pregunta donde queda el sureste de la habitación. Le respondo que en el armario  y me dice que es allí, en ese lugar que en terminología esotérica se llama Portal, de donde emanan los seres que vio. Me indica que un Portal es la entrada y salida a otras dimensiones  y que casi todas las casas o departamentos tienen, y que no es raro que sea el armario. Me cuenta que observó seres “blancos y grises”, a lo que le replico que si bien me imagino que los primeros son buenos, nunca había escuchado sobre los segundos. Contesta que son seres  amorales, lo que yo agrego nietzscheanamente que están “más allá del bien y el mal”.
Como la presencia se hace muy fuerte e incómoda, BS reitera su procedimiento para entablar contacto.
 
Luego de cinco minutos, y ya con los ojos abiertos, me señala:
-          Quien está aquí me dijo que se llama “El que rige los secretos del Gran Abismo”.  Ante mi pregunta qué hace aquí, me respondió  que simplemente “observaba”.
En esos momentos, un elemento se incorporó al clima extraño y denso: La lámpara tibetana, sin mediar una ventana o puerta abierta, empezó a balancearse…
No puedo negar que sentí miedo.
El vaivén cada vez se hizo más intenso y con BS nos mirábamos con asombro.
Fue en ese instante que mentalmente solicité que todo acabara, pues no me estaba agradando.
En pocos segundos, el movimiento de la lámpara baja y cuando termina también la luminosidad del armario se acaba… También la sensación de que alguien nos observaba declina, por fin.
Extraordinariamente, luego de minutos de gran tensión todo vuelve a la normalidad, y tal como se inició, los dos decimos la misma palabra:
-¿Sientes?
Una leve sonrisa esbozamos y comentamos todo lo sucedido ya más calmos.
BS me pide un papel y lápiz y hace un dibujo muy simple. Me dice que así es el misterioso ente que estuvo junto a nosotros hace un rato. Era un rostro con diamantes o una figura similar por ojos y con un turbante oriental. (A veces pienso en ese personaje del cual habla Lovecraft, el loco árabe Abdul Alhazred…).
¡El es “El que rige los secretos del Gran Abismo”!
Mi amigo me pregunta por la ahora, pues debía ir a su hogar. Le indico las 12:10 pm. Se ríe y me dice:
-Sí, es lógico que esto haya ocurrido pues todo acaeció en el umbral que va de lunes a martes, y los martes como los viernes son los días de los brujos y lo “paranormal”.
Mi amigo se despidió.
Como dato final debo agregar que en esa pieza solían ocurrir hechos extraños… y casi siempre relacionados con el armario.
Un amigo rumano que vino a Chile por un mes y a quien por solicitud mía  mis padres le prestaron el dormitorio (yo ya estaba casado y vivía en otra comuna), un día me preguntó qué había en el armario. ¿Por qué le pregunté? Me contó que de allí provenían extraños ruidos, que le impidieron  dormir bien una noche.
Sonreí y le conté esta historia…
 

 

 

jueves, 15 de agosto de 2013

MIS MAESTROS I: EDUARDO OTAROLA

EDUARDO OTAROLA: CUANDO LA MAGIA VA DE LA MANO CON LA HUMILDAD.
( A mi querido primer Maestro, con humildad)


Aun cuando en mi niñez había conocido a un verdadero maestro, que se inserta dentro de la tradición de Budhismo Tibetano, el venerable Khenpo Dorgzon Rinpoche, con quien me reuniría dos veces más a lo largo de mi vida (realizándole una entrevista para mi revista “Bajo los Hielos” donde le preguntaría sobre temas como el kali-yuga o la existencia de lugares como Shamballah o Agharta), mi primer encuentro con un Mago occidental  ocurrió hacia los 19  años.
Yo estaba en una etapa de pesimismo respecto al mundo. Lo que más leía era Nietzsche y Lovecraft, simpatizando con Cioran, los románticos alemanes y otros autores semejantes.
En una ocasión un amigo que fuera compañero en el Liceo, al que llamaré BS, luego de haber despertado su consciencia y al empezar a desarrollar facultades paranormales  a raíz de un terrible accidente automovilístico que viví junto a él y en el cual los dos casi perdimos la vida, y al buscar una explicación y buena dirección a éstas, me comunicó que había conocido a un auténtico Maestro, quien visitaba con cierta frecuencia a un grupo del cual Bustamante estaba participando no hace mucho.  En conformidad con mi visión adolescente, le indiqué que dudaba que ello existiera, en especial en Chile y en un tiempo como éste.  Es más,  lo reté a demostrarle que sería uno más de tantos embaucadores. Acordamos visitarlo. Yo sinceramente pensaba que podría encontrar a uno de esos falsos sabios que abundan en el seudoesoterismo.
Llegó el día. El hombre que veríamos se llamaba Eduardo Otarola. Trabajaba atendiendo un kiosco (no era el dueño sino solo el trabajador)  en la vereda sur de calle Alameda Bernardo O´Higgins, en la Estación Central. Al llegar al lugar vi a un caballero de unos 55 años aproximadamente, robusto e incluso un poco gordo, de rostro amistoso. Saludó a mi amigo e intercambió algunas palabras. Luego él mismo se dirigió hacia mí y me dijo risueño: “Yo sé que tú no crees o en verdad te quieres negar a creer ciertas cosas; y vienes precisamente a demostrar la inexistencia de los poderes llamémoslos “ocultos”, pero que son muy reales…”.
Quedé congelado. Bustamante no era alguien que le podría haber contado de mis intenciones reales. Luego mi amigo  me confirmaría el hecho que jamás le comentó de aquéllas. Y que solo le preguntó si podía invitar a un amigo a conocerlo.
Me pidió que le pasara mi mano izquierda, a lo que accedí. Observó la palma y con gran conocimiento quiromántico me dejó sin habla, pues empezó a leer en mi mano cosas que solo yo sabía y que nunca le comenté a mi ex compañero. Por ejemplo, el hecho de que yo me había estado ahorcando con el cordón umbilical antes de nacer.
Al ver mi asombro,  se sonrío. Y allí se rompió el hielo. Conversamos de cosas triviales, mientras él atendía el kiosco, para vender dulces y golosinas.
Noté otra cosa muy curiosa: Que mucha de la gente que pasaba por ese lugar tan concurrido,  lo saluda con un afecto que pocas veces he visto. Las personas más pobres y sencillas iban a pedirle consejos, lo abrazaban, intercambiaban dos palabras con él, etc. Comprendí que no era un hombre normal y que era muy querido por el pueblo. No sé por qué pero pensé en un santo o algo así.
*
Desde esa vez fue común que junto a mi tocayo viajáramos especialmente los días sábados en la mañana al hogar de Eduardo Otarola. Vivía en el segundo piso de un edificio cercano al lugar de su trabajo. El barrio era muy pobre y desordenado, pero su hogar sin embargo era cálido y limpio. Tenía una biblioteca esotérica importante. Especialmente había libros sobre el Tarot, la Kabbalah, Quiromancia y Astrología.
Nos contó que había estado en un Seminario católico, pero se dio cuenta que la vida sacerdotal y la dogmática religiosa no eran lo suyo. Renunció.
Su interés por las ciencias ocultas y las actividades paranormales eran su gran preocupación, pero también la ayuda a la gente pobre.
En una ocasión me dijo: “Tú necesitas conocer la pobreza. Ayudar a los pobres. Te voy a invitar a visitar a los viejitos del Hogar de Cristo, a visitar y dar de comida y ropa a los desamparados. Hay gente que sufre y Cristo nos exhortaba a ayudarlos”. Aun cuando no compartía ni comparto su cristianismo, respeto mucho su deseo de ser consecuente.
Vivía solo. Tenía hijos  pero lamentablemente la relación con ellos debe haber sido pésima por lo que contaré más tarde. Desconozco si en algún momento se casó y si vivía su ex mujer.
La visita los días sábados era por mí muy esperada. Le habíamos pedido que nos enseñara ciencias esotéricas ante lo cual él ofreció ayudarnos. Era un hombre de una calidez extraordinaria y siempre estaba llano a compartir.
Para conocer a una persona recurría además de la mirada atenta a la observación de las manos a través del arte quiromántico, al tarot y al ajedrez. Sí, era un excelente ajedrecista y un psicólogo que utilizaba este juego como medio de conocimiento de las personas. Decía que uno podía aprender mucho del oponente a través de la manera de jugar y de qué valor le daba a las piezas. Así, por ejemplo,  el juego podía revelar a las personas que eran muy arriesgadas de las que no. También uno a través de la importancia que le diera a las piezas podía ser desvelado. Si uno desprotegía al rey era una persona a la cual el yo o el ego no le importaba demasiado. Si descuidaba a la reina, era porque su mujer o su madre no tenía tanta importancia en su vida.
Me dijo que eligiera una ciencia esotérica o un saber que ayudara a los demás y que él me lo enseñaría. Le dije  que había estudiado algo de reflexología y que algunas personas decían que mis manos eran “mágicas”.
Un hecho importante desde el punto de vista mágico fue el que relataré.
Mi amigo debido a la edad y al despertar de ciertas facultades paranormales le pidió a don Eduardo si podía leer la mente de las personas.
Como nunca, sentimos que se había enojado.
“Eso, mis amigos, no se debe hacer. La mente de las personas es algo sagrado. Cada uno tiene su cielo y su infierno, y descubrirlo no nos está permitido. Es una esfera privada. Además, uno podría desilusionarse de quienes amamos o estimamos. Además si el infierno personal es a veces difícil de verlo para nosotros mismos, puede ser que el infierno de los otros sea aun más oscuro”.
Luego, nos ordenó que nos sentáramos frente a él. Así lo hicimos.
“Observen mi rostro, solo eso”.
Miré atento. Pensé que todo esto era algo ridículo.
Y, sin embargo, al pasar un minuto noté algo extraordinario. ¡No! ¡No podía ser! Don Eduardo estaba modificando de alguna manera misteriosa su rostro… Y no era el producto de una morisqueta o algo así. Sino que efectivamente su rostro ahora era distinto. La nariz había crecido y se había hecho encorvada. Sus ojos eran más pequeños y de mirada fuerte. Lo que vi puede resumirse como un demonio aguileño.
Estaba aterrado, pero seguí de frente, observando.
Luego, el rostro cambió de un segundo a otro, y la cara apacible que conocía empezó a verse.
Entonces nos dijo:
“Ya es suficiente. BS, por favor, dime tú primero… ¿qué viste?”
Mi amigo sin que hubiera hablado antes conmigo dijo algo sorprendente:
“Lo que vi fue un ser monstruoso de aspecto aguileño”.
O sea, lo mismo que yo.
Y luego don Eduardo me preguntó qué había visto yo, a lo cual solo pude responder que coincidía con lo de mi amigo.
*Pues, bien, han visto lo que les he dicho que podía ocurrir. Encontrarse con el infierno de los otros no es algo agradable y por lo mismo nos está velado” – concluyó de manera irrebatible.

++
Había tenido una experiencia bastante anormal aquellos días. Una batalla entre magos se había librado. Mi “polola” (pareja, en Chile) deseaba alejarse de unas amigas que estaban relacionadas con brujería. Pero, deseaba que yo estuviera presente en la ocasión, para lo cual la acompañé a su hogar. Lo ocurrido lo relataré en su oportunidad, si es que lo estimo pertinente. Pero ahora solo quiero indicar que en ese encuentro, al estar cerca de estas dos amigas de mi polola había vivido un suceso que me intrigaba: a pesar que el día estaba agradable, en el transcurso de la hora y media que estuvimos juntos sentí unos cambios de temperatura ambiental que me tenían incómodo: durante diez minutos sentía frío, luego mucho calor, y así sucesivamente. Recuerdo que me saqué el polerón y me lo volví a poner unas seis  o siete  veces.
Digo que estaba intrigado con este fenómeno pues lo atribuía a la presencia de las jóvenes brujas.
Le quise comentar a don Eduardo y lo visité una mañana de un sábado.
Me dijo que esto no había sido algo meramente psicológico y que por el contrario yo tenía mucha razón al vincularlo con la presencia de las magas negras.
Me dijo que esto era posible y se podía crear a voluntad. Por lo cual pensaba que una de las dos mujeres lo había realizado para incomodarme y precipitar una salida.
Señaló que él había aprendido de un chamán amazónico esta técnica. Cómo conoció al chamán, quién era o en qué año ocurrió esto, eran cuestiones que no le pregunté.
Estábamos en una pieza y pronto sentí calor, luego frío, mucho frío. Todo esto en pocos minutos. Afuera no estaba nublado y la temperatura debería ser cálida.
¡Don Eduardo había logrado a voluntad el mismo efecto que presencié ante dos magas negras!

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Visité durante dos años al menos un  día sábado por mes a don Eduardo. Muchas veces con BS. Pero a veces fui solo.
Aprendí mucho de él.
Una de las cosas que hoy entiendo mejor y que más me ha servido es la siguiente:
“Sergio: tú quieres ser un superhombre. Pero antes de serlo, debes ser hombre. ¡Y no creas que es una tarea menor o despreciable! Ser hombre significa tropezarse, caer, levantarse, ir a fiestas, emborracharse, etc. Si no haces eso, no podrás avanzar realmente pues te frenarás de algunas cosas y cuando seas mayor querrás vivirla… pero ya no estarás en el momento adecuado para hacerlas”.
El crecimiento debe partir por la base y no por la cúspide.
Muchas veces intentamos ser sabios, santos o magos. Pero apenas tenemos conciencia de nosotros y nuestros defectos. Tampoco sabemos aprovechar nuestras capacidades, pues el conocernos es un proceso largo y que exige un autoanálisis que pocas veces somos capaces de realizar.
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Lamento que por motivos de mis estudios en la Universidad dejé de lado mis visitas a don Eduardo. Deben haber pasado unos cuatro años sin que lo viera en más de dos ocasiones. Me hice el tiempo pues lo echaba de menos. Ese día tuve solo dos clases, así que me dirigí  sin más hacia la Estación Central. 
La primera sorpresa era que no había nadie en el kiosko. Presentí algo malo.
Caminé con rapidez hacia su departamento. Toqué el citófono. Nada. Ninguna respuesta.
Lo llamé a voz alzada. Luego de un rato apareció desde una ventana una señora. Me dijo que don Eduardo HABIA MUERTO.
No podía creerlo.
Le pedí más información, pero la señora era muy austera en palabras. Me dijo que había muerto de cáncer al estómago, que había tenido dolores espantosos y que se escuchaba como gritaba de molestia los últimos días de su vida. Que incluso ni sus hijos fueron a verlo, y que solo ahora habían aparecido sin duda para repartirse la herencia.
La nostalgia me embargó. Una lágrima cayó de mis ojos. Mi Maestro había muerto y yo no estuve allí para ampararlo, cuidarlo, protegerlo en sus últimos días.
Hoy sé que los grandes maestros muchas veces asumen el “karma” (por llamarlo de alguna manera) de sus discípulos y amigos. Eduardo Otarola tuvo muchos de estos últimos, adeptos no sé si alguien más que yo. Pero todos fuimos iguales a la hora de admirarlo y todos estúpidamente iguales en la irresponsabilidad de no  cuidarlo en el crucial paso al otro mundo.

                                                                                       (Santiago, 15-16 de Agosto de 2013)